
One little, two little, three little Indians
Four little, five little, six little Indians
Seven little, eight little, nine little Indians
Ten little Indian boys.
Te canto una canción para bajar la fiebre, dormilón.
.A.

¿Qué tan lejos pueden estar una ballena de su balleno?
Hundió la cuchara en la sopa, bebió su angustia y se quemó.
¿Cuántos kilómetros puede nadar hasta perderse en el tiempo?
Guardó su libro, rió, se reconoció.
¿Es Noviembre quién la baña de anhelos? ¿Es el viento quien la divide y entierra recuerdos?
Hermosa, intacta, hermosísima, acarició sus manos y se maquilló.
Tenía razón, era cierto: de día cantaba y balanceaba sus sueños. Pero de noche, el frio reprochaba distancia de aquel último beso.
No hizo falta que lo gritara: su bienestar prendía auras.
¡Pero qué feliz era con su balleno! ¡Por él cambió su piel y sus cayos. Bebió la sal y viajó!
Ehem, quisiera decir unas palabras, se desembriagó y dijo:
El invierno llegó, el agua se heló. No siento los pies. No quiero revés. Me pica la garganta. No me toques la espalda. ¿No entendés lo que digo? No tengo un feo ombligo. Callate. Me callo. ¿Nos callamos?
Merry christmas. Te regalo un glaciar. Es de tiempo completo. Disfrutalo.
A

Sopló y sus entrañas fueron dominio del aire. Sopló de nuevo y su carne y piel brotaron de su aliento. Ojos entrecerrados. Dedos comprimidos. Miró al cielo y contorneó un corazón con su mirada. Ya no sentía pesadez en los huesos. Estaba a punto de reunir los colores en una esfera sin precedentes. Soltó un suspiro prolongado desde la dureza de su estómago. Pensó en su niñez. Me abrazó con su canción.
Junto a su respiración y melodía, dio a luz a una nueva pieza de arte. Como siempre, fue natural.
Extensión de sus deseos. Llovizna egoísta. Cercanía en la distancia. Triunfo en el punto.
Ya no estamos solos. Desde hoy y para siempre, te encuentro en mis burbujas. Amén.
.A.

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No quiere su hermosura ni colores.
Quiere desvanecer bajo la melodía de un piano susurrante.
Anhela festejar la primavera del mismo modo que ellas.
La levedad.
Subir hasta besar las nubes.
Descender hasta el botón del río.
¿Será cierto que las reinas desean ser violín?
No piensa en Dios. Cree en el instante y la crueldad de ser amada.
¡Ah! ¡Cuántas ganas de ser algodón!
Aliento, gas, cosmos.
Un grito de pasión o una caricia al oído.
¡Si sólo la viera su viejo ombú: conocería la honestidad de su sentimiento!
Sin embargo, resiste.
Ni una gota, ni su pelaje, ni el calor se comparan con la infinita gratificación que provoca un suspiro.
.A. (dedicado al entierro de una bellota)

Cerrar la puerta. Abrir la ventana. Aire.
Soñar con ésto. Querer aquello. Aire.
Esperar con los dientes. Cantar con las manos. Aire.
Escucharlo. Escucharte. Aire.
Son tantas las gotas desprendidas del cielo.
Es tanto el aire que rocía el fuego.
Ya no se si es una orquídea o una joya hecha melodía.
Lo absorbo. Lo miro. Me mira.
Respirar. Llorar. Aire.
Aguantar. Contener. Aire.
Tragar. Reprimir. Aire.
Gritar. Sonreír. Aire.
En el medio: una vuelta al cielo, sus vocales y la mirada de mi madre.
Un sorbo de agua, el bloqueo de la puerta y la apertura de la ventana.

Hoy, te dejo.
Caen las estrellas, se levantan los sueños y yo te dejo.
Si pudiera, te comprimiría y llevaría en mis dedos.
Si entendieras, justificarías mi abandono y esperarías despierto.
Aquel día, cuando mi sol cubría tu hocico, cuando tus pecas pintaban el viento, sabíamos que mañana alguna vez llegaría.
Te veo dormir junto a mis pies y proyecto el infinito.
Sos tan imprescindible, tan bonito. Y sin embargo, hoy, yo te dejo.
La maldad no tiene reflexión.
El pasto no se digiere lento.
Mi pirata, mi obsesión.
Mi ayer, mi adentro.
Mi fidelidad, mi interior.
No te vayas, que hoy te dejo.
.A.


Cuando aletearon sus ojos por última vez, tenía la panza rellena de comida. ¿Había ingerido pastel o sólo frutillas y mandarinas? La sutil suavidad de su boca le indicaba el exceso de azúcar. Pero a esa altura del sueño, ya no podía racionalizar. Se fue a dormir pensando en lo brillante que estaba la Luna. Un hilo de luz rozaba su rostro y bañaba de estrellas sus dos mejillas coloradas. ¿Cuántas veces se había encontrado con una Luna de ese color? ¿Cuántas noches la había recordado con su rosado tutú y zapatillitas carmín? Aquel viernes estaba más hermosa que nunca. La imaginó bailando entre millones de burbujas. Rizos sueltos, uñas lilas, brazos delicados, labios de algodón. La pensó cargando un globo fluorescente, con sus ojos enmarcados por un espeso bosque de pinos. La sintió tocando una dulce melodía, inaugurando con su canto un hormigueo estomacal. ¿Acaso serían las mandarinas? ¿O habría maquillado a esas mariposas tan temidas?
Para Toto aquella niña cargaba con el nombre más apropiado. Si había alguien en el mundo con el poder indicado para personificar a la Luna, era ella. Porque la niña y el satélite no competían en belleza, eran una. ¡Para qué separar a aquellas dos hermosuras si completaban el más exquisito sentido del absoluto esteticismo! Brillantes, nocturnas, suaves, coquetas. Ambas poseían la magia de la desaparición diurna. ¿Serían parte de un sueño o solo las protagonistas de un cuento? ¿Cuántas veces habían besado a los sonámbulos enamorados? ¿Y cuántos amaneceres habían desbandado?
Toto suspiró, no podía moverse. Entreabrió un ojo, la vió. Estaba cerca de su mejilla. A diez centímetros, cinco. La sintió respirar. Sonrió. Cerró los ojos y esperó. El brillo lo enceguecía. La redondez lo envolvía. La besaría, lo haría. Con eso, la Felicidad. Un centímetro. La Esplendidez. Medio. Escepticismo. Casi. Nervios. Ahora. Cosquilleo. Ya. El tacto. Y con el Sol, el día.
.A.


Cuando duermo, si no hablo con la heladera, ando encima de cobayos.
Y si no convido rollers, tiemblo en la Cima de mil televisores.
Por lo general, actúo frustraciones de dirección.
Pocas veces soy rechazada por fantasmas.
Ayer hablé con ella.
Serenaba famas extraordinarias, entristecida por no probar mi postre.
Si desconecto, me acaricia.
Si lloro, me consuela.
Si pateo, me acurruca.
Pero si descanso, si descanso me despierta.
"¡los sueños que se cuentan no se cumplen!
¡Palatina los contó!
¡Palatina los contó!"
Era obvio.
.A.