martes, 22 de febrero de 2011

Martes.


Quiero entrar, quiero entrar, quiero entrar.
Salir, entrar, cortar, amalgamar. Partir, contornear, romper, espesar.
Un capricho echo cielo, un deseo despintado, la neblina de tu cuerpo, el silencio de tu canto.
Dos semanas de helado, tres segundos de orgasmo, un recuentro de días, querer y seguir esperando.

.A.

domingo, 6 de febrero de 2011

Big Bang.


Lo despierta un recuerdo en el medio de la noche, en el medio del nido, en el medio de su sueño. No le sorprende estar endurecido: ella está a su lado, desplumando margaritas, rasurando su pasado. Se recuerda pequeño zapateando, vistiendo su piel, en ese entonces, amarilla. Su madre lo ojea, lo toca, le confía un secreto y lo ayuda a descargar.

Debajo del puente vive su amiga. Solita y sola camina, al paso de un balada pincelada en un marco sin comienzo ni fin. Le toca el timbre, la baja y la invita a bailar. Bailan por la noche que amaneció y nunca fue, bailan por el deseo de acariciar sus sexos y de frotar sus fantasías. Bailan de noche y duermen la vida. Bailan por el círculo que les dio el día.

¡Si supieran lo que pasaría, aquellas ratas no bailarían! Se acaba el cielo, se derrite la dureza: llega el vagabundo más vagabundo de la tierra. Su madre se atrasa, sus flores se secan. Se despierta del sueño, del sueño de aquel sueño que soñando contuvo en silencio. Es una niña vestida de azul, y de verde y de sangre. Es un niño maquillado de lobo y de cuervo y de niña. Es su cara mezclada en asfixia. Es una verdad mutada en mentira.

Cada cual con lo suyo. Y que eso no abunde, porque si excede la uña, colapsa el poso. Nadie quiere cloaca en su living, ni en su cama ni en su boca. Cuánta escasez en la multitud. Cuánta abundancia en la sombra. Una uva en el medio de la noche, en el medio del nido, en el medio de su sueño, reprime a su grito y al renombrado Big Bang.


.A.


jueves, 27 de enero de 2011

Hormiguita.



Hormiguita, hormiguita, tan chiquita, tan chiquita.
Tan mala y chiquita, tan furiosa y chiquita.
Camina despacio hormiguita, que con mi lado valiente puedo romper tus patitas.
Rueda cuando tengas que rodar, y no envidies a nadie al pasar.
Te hace más mala y chiquita, más furiosa hormiguita.
La felicidad no es donada a cualquiera. Ten cuidado, se buena.

Si manipulas, yo rapto.
Si mientes, yo construyo.
Si rompes, yo pago.
Si obedeces, yo disfruto.

.A.

jueves, 20 de enero de 2011

Mancha saltada.



Cuando no importe mas la conciencia y el inconsciente gobierne la ira, ahí estaré.
Cuando se derritan las ilusiones y no alcancen las expectativas, ahí estaré.

Cuando el cielo sea agua y el mar se solidifique a tierra, ahí estaré.
Cuando el canto no exista y se desparramen mis venas, ahí estaré.

Cuando la mentira tape verdades. Cuando la agresión arranque virtudes.
Cuando la vida se esconda y el miedo repliegue. Cuando el talento sea silencio y el alma se altere.

Estoy en el lugar de nadie y en la boca de todos. En una ausencia encontrada ciclotímica e inestable. Que se quieran los que se quieran, que se amen los que se amen; que se diviertan los pecadores y se conquisten las madres. Que se toquen los intocables y discutan los tímidos, que se perviertan los santos y gocen los niños.

Nada destiñe mi mirada. Ni la levedad de su voz ni el peso sus palabras. Ni un canto de victoria ni las más sabrosas galletitas. No me corrompo, pues yo soy la corrupción. Dueña de todos, jueza de nadie.

Unos por acá, otros por allá, esparcidos o sentados juegan a jugar la más grande mancha saltada.

.A.


sábado, 15 de enero de 2011

Ocaso del tiempo.



Durante siglos nos ha estado mintiendo, se rió de nosotros, congelo su sonrisa. Hoy, 14 de diciembre de 2011, me presento ante ustedes para rebatir su verdad. Señor Relojero, deje de mentir: el tiempo es vertical. Que se caigan las estadísticas, que se destruya el paradigma, que se derrita su vida. El tiempo es vertical.

No existen más segundos que los que unen al sol, al océano y a mi voz. No habita tal cronología de eventos si no se usa la razón. Estamos en el viento. Los vivos y nosotros, los muertos. En una burbuja quimera coexisten: el recambio de piel, las cosas que no te dije y los recuerdos de aquel que fue.

Hemos vivido en una falsa linealidad, agotados, apurados. Hemos permitido que el futuro gobierne y el pasado perfore. ¡Qué crueldad aceptar aquellos mandamientos, creer en Romeo y no poder verlo!

Señor relojero: me declaro testigo de su estafa. He sido engañada por usted y su venerable eternidad. ¿Puede reconocer el puntilleo en mis lóbulos? ¿Puede percibir el dolor de mis omóplatos? Fueron mordiscos de sus segundos, semanas y años, excavaciones de su miseria, los rastros de aquella carrera.

Una mujer sobre un elefante recuerda haber dejado la pava encendida. Corre. Se muere. Revive. La apaga. Es un punto. Un micro. El infinito. La nada. Responde a aquel quien la vio nacer. Se viste de amarillo. Maquilla su ansiedad. Toma a su cigüeña. Peina su tacto. Y le da cuerda al tiempo.


.A.

jueves, 13 de enero de 2011

Fiebre.


One little, two little, three little Indians
Four little, five little, six little Indians
Seven little, eight little, nine little Indians
Ten little Indian boys.

Te canto una canción para bajar la fiebre, dormilón.

.A.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Glaciar.



¿Qué tan lejos pueden estar una ballena de su balleno?

Hundió la cuchara en la sopa, bebió su angustia y se quemó.

¿Cuántos kilómetros puede nadar hasta perderse en el tiempo?

Guardó su libro, rió, se reconoció.

¿Es Noviembre quién la baña de anhelos? ¿Es el viento quien la divide y entierra recuerdos?

Hermosa, intacta, hermosísima, acarició sus manos y se maquilló.

Tenía razón, era cierto: de día cantaba y balanceaba sus sueños. Pero de noche, el frio reprochaba distancia de aquel último beso.

No hizo falta que lo gritara: su bienestar prendía auras.

¡Pero qué feliz era con su balleno! ¡Por él cambió su piel y sus cayos. Bebió la sal y viajó!

Ehem, quisiera decir unas palabras, se desembriagó y dijo:

El invierno llegó, el agua se heló. No siento los pies. No quiero revés. Me pica la garganta. No me toques la espalda. ¿No entendés lo que digo? No tengo un feo ombligo. Callate. Me callo. ¿Nos callamos?

Merry christmas. Te regalo un glaciar. Es de tiempo completo. Disfrutalo.


A

domingo, 14 de noviembre de 2010

Pompa.


Sopló y sus entrañas fueron dominio del aire. Sopló de nuevo y su carne y piel brotaron de su aliento. Ojos entrecerrados. Dedos comprimidos. Miró al cielo y contorneó un corazón con su mirada. Ya no sentía pesadez en los huesos. Estaba a punto de reunir los colores en una esfera sin precedentes. Soltó un suspiro prolongado desde la dureza de su estómago. Pensó en su niñez. Me abrazó con su canción.

Junto a su respiración y melodía, dio a luz a una nueva pieza de arte. Como siempre, fue natural.

Extensión de sus deseos. Llovizna egoísta. Cercanía en la distancia. Triunfo en el punto.

Ya no estamos solos. Desde hoy y para siempre, te encuentro en mis burbujas. Amén.

.A.

viernes, 29 de octubre de 2010

Millas.




Nos miramos. Me miró.
Nos reímos. Me abrazó.
No fue de película. Lo mundano es superador.
Afuera, nublado. Adentro también.
Nos miramos. Me besó.
¿Quien dice que las millas desconectan?
¿Quién decreta un asueto por duelo?
¿Por qué se llora por la muerte y no se ríe por la vida?
¿Por qué no decretamos un augurio de energía?
Nos miramos. Me miró.
Nos reímos. Me abrazó.
Ya no tengo sueño ni pereza.
El viento es renovador.

.A.

domingo, 17 de octubre de 2010

Victorio.



Un cielo, dos estrellas y una ardilla.
A su lado, el deseo de ser mariposa.

No quiere su hermosura ni colores.
Quiere desvanecer bajo la melodía de un piano susurrante.
Anhela festejar la primavera del mismo modo que ellas.

La levedad.
Subir hasta besar las nubes.
Descender hasta el botón del río.

¿Será cierto que las reinas desean ser violín?
No piensa en Dios. Cree en el instante y la crueldad de ser amada.

¡Ah! ¡Cuántas ganas de ser algodón!
Aliento, gas, cosmos.

Un grito de pasión o una caricia al oído.
¡Si sólo la viera su viejo ombú: conocería la honestidad de su sentimiento!

Sin embargo, resiste.
Ni una gota, ni su pelaje, ni el calor se comparan con la infinita gratificación que provoca un suspiro.

.A. (dedicado al entierro de una bellota)

viernes, 24 de septiembre de 2010

Aire.


Cerrar la puerta. Abrir la ventana. Aire.

Soñar con ésto. Querer aquello. Aire.

Esperar con los dientes. Cantar con las manos. Aire.

Escucharlo. Escucharte. Aire.

Son tantas las gotas desprendidas del cielo.

Es tanto el aire que rocía el fuego.

Ya no se si es una orquídea o una joya hecha melodía.

Lo absorbo. Lo miro. Me mira.

Respirar. Llorar. Aire.

Aguantar. Contener. Aire.

Tragar. Reprimir. Aire.

Gritar. Sonreír. Aire.

En el medio: una vuelta al cielo, sus vocales y la mirada de mi madre.

Un sorbo de agua, el bloqueo de la puerta y la apertura de la ventana.

Aire.

.A.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Guau.



Hoy, te dejo.

Caen las estrellas, se levantan los sueños y yo te dejo.

Si pudiera, te comprimiría y llevaría en mis dedos.

Si entendieras, justificarías mi abandono y esperarías despierto.


Aquel día, cuando mi sol cubría tu hocico, cuando tus pecas pintaban el viento, sabíamos que mañana alguna vez llegaría.

Te veo dormir junto a mis pies y proyecto el infinito.

Sos tan imprescindible, tan bonito. Y sin embargo, hoy, yo te dejo.


La maldad no tiene reflexión.

El pasto no se digiere lento.


Mi pirata, mi obsesión.

Mi ayer, mi adentro.

Mi fidelidad, mi interior.

No te vayas, que hoy te dejo.



.A.


- para Morgan-

sábado, 21 de agosto de 2010

Nesquik.


Pensar en algodón, caminar vestida de espuma.
Parlotear con los árboles. Cocinar suspiritos.

Arreglarme. Desvestirme. Amarte.

Acurrucarme en nuestros momentos.
Disfrutar de tu risa. Bailar con los pájaros. Cantar en tu pecho.

Proyectar. Concluir. Admirarte.
Dormitar. Despertar. Abrazarte.

La felicidad está en un beso tuyo.
Me amás?
Te invito una chocolatada.

.A.

jueves, 5 de agosto de 2010

Toto y la Luna.



Cuando aletearon sus ojos por última vez, tenía la panza rellena de comida. ¿Había ingerido pastel o sólo frutillas y mandarinas? La sutil suavidad de su boca le indicaba el exceso de azúcar. Pero a esa altura del sueño, ya no podía racionalizar. Se fue a dormir pensando en lo brillante que estaba la Luna. Un hilo de luz rozaba su rostro y bañaba de estrellas sus dos mejillas coloradas. ¿Cuántas veces se había encontrado con una Luna de ese color? ¿Cuántas noches la había recordado con su rosado tutú y zapatillitas carmín? Aquel viernes estaba más hermosa que nunca. La imaginó bailando entre millones de burbujas. Rizos sueltos, uñas lilas, brazos delicados, labios de algodón. La pensó cargando un globo fluorescente, con sus ojos enmarcados por un espeso bosque de pinos. La sintió tocando una dulce melodía, inaugurando con su canto un hormigueo estomacal. ¿Acaso serían las mandarinas? ¿O habría maquillado a esas mariposas tan temidas?


Para Toto aquella niña cargaba con el nombre más apropiado. Si había alguien en el mundo con el poder indicado para personificar a la Luna, era ella. Porque la niña y el satélite no competían en belleza, eran una. ¡Para qué separar a aquellas dos hermosuras si completaban el más exquisito sentido del absoluto esteticismo! Brillantes, nocturnas, suaves, coquetas. Ambas poseían la magia de la desaparición diurna. ¿Serían parte de un sueño o solo las protagonistas de un cuento? ¿Cuántas veces habían besado a los sonámbulos enamorados? ¿Y cuántos amaneceres habían desbandado?


Toto suspiró, no podía moverse. Entreabrió un ojo, la vió. Estaba cerca de su mejilla. A diez centímetros, cinco. La sintió respirar. Sonrió. Cerró los ojos y esperó. El brillo lo enceguecía. La redondez lo envolvía. La besaría, lo haría. Con eso, la Felicidad. Un centímetro. La Esplendidez. Medio. Escepticismo. Casi. Nervios. Ahora. Cosquilleo. Ya. El tacto. Y con el Sol, el día.

.A.

Terrazas.


Tus piernas tiemblan las mías y mi sonrisa se derrite cuando empieza el escalofrío. Mi ciudad abajo le grita a la Luna y tu pregunta en los ojos al vapor de mis labios. No hay nadie en la terraza y tu calor recorre mi cuello, baja de repente hasta llegar adentro mío. Me recorre en círculos, rechaza un beso, miro desde arriba y desaparece el mundo. Me abraza enredado, nos volvemos giro, se me cuela por la espalda una línea de suelo frío. Te resoplo en la oreja, me mojas de un suspiro, movés un poco la mano y contengo el grito.
Jadeo compulsivo y ritmo de luces, sube el horizonte y baja la Luna, baja el sol, y sube una estrella, se mueven tu cara y mis pelos, tus ojos y mi cuerpo, tus gritos y el jadeo, el silencio y el jadeo, mis piernas y el jadeo, cierro los ojos y jadeo, abro los ojos y jadeo, al borde del gemido despierto en la cama enorme y me pregunto porque carajo te has ido.

Así me dejaste, en lo más íntimo de mi sonrisa dormida.


Por Maldito Nombre.